Good Friday Homily Homilia de Viernes Santo Deacon Duane Fischer

Homily by Deacon Duane Fischer

Good Friday March 30, 2018

Isaiah 52:13-53:12; Hebrews 4:14-16, 5:7-9; John 18:1-19:42

 

The Prophet Isaiah wrote about a servant from God who would be harshly treated.

A servant who would be spurned and avoided, pierced and crushed, oppressed and condemned.

Though he would be harshly treated, he would submit and not open his mouth.

Like a lamb led to slaughter, he would be silent and                                           

allow himself to be taken away.

The servant from God was Jesus, the Lamb of God.

In the passion account, as told in the Gospel of John, Jesus was                 

betrayed and arrested, denied and interrogated, scourged and crucified.

Like a lamb Jesus did not resist,

in fact he chastised Peter for drawing a sword to resist.

Jesus allowed himself to be taken away to be crucified,                                                           

submitting to the will of his Father in heaven.

 

The Prophet Isaiah wrote that the Lord God would lay upon his servant the guilt of us all.

The servant from God would carry our infirmities, our offenses, our sins.

Through his suffering the servant shall justify many.

Because he surrendered himself to death he shall take away the sins of many,

and win pardon for our offenses, our sins, our weaknesses.

The cross that Jesus carried to the Place of the Skull, Golgotha,

is the symbol of our sins and our guilt.

Jesus carried our sins upon himself, making himself the offering for the forgiveness of sins.

 

The author of the letter to the Hebrews tells us that Jesus became perfect from what he suffered.

And he became the source of eternal salvation for all who obey him.

The passion account tonight concluded when Jesus was laid in the tomb.

And now we wait in silent anticipation of what will happen next.

Let us remember and reflect on what God told his people,

and us, at the beginning of the reading from Isaiah tonight:

“See, my servant shall prosper, he shall be raised high and greatly exalted.”

 

Homila by Deacon Duane Fischer

Viernes Santo, 30 de Marzo de 2018

Isaias 52:13-53:12; Hebreos 4:14-16, 5:7-9; Juan 18:1-19:42

 

El profeta Isaías escribió acerca de un siervo de Dios que sería tratado con dureza.

Un sirviente que sería rechazado y evitado, traspasado y aplastado, oprimido y condenado.

Aunque sería tratado con dureza, se sometería y no abriría la boca.

Como un cordero llevado al matadero, él callaría y se dejaría llevar.

El siervo de Dios era Jesús, el Cordero de Dios.

En el relato de la pasión, como se cuenta en el Evangelio de Juan,                   

Jesús fue traicionado y arrestado, negado e interrogado, azotado y crucificado.

Como un cordero, Jesús no se resistió,

de hecho él castigó a Pedro por sacar una espada para resistirse.

Jesús permitió que lo llevaran para ser crucificado,

sometiéndose a la voluntad de su Padre que está en el cielo.

El profeta Isaías escribió que el Señor Dios depositaría sobre su siervo la culpa de todos nosotros.

El siervo de Dios cargaría con nuestras enfermedades, nuestras ofensas, nuestros pecados.

A través de su sufrimiento, el siervo justificará a muchos.

Debido a que se entregó a sí mismo a la muerte,

él quitará los pecados de muchos,

y gana el perdón por nuestras ofensas.

La cruz que Jesús llevó al Lugar de la Calavera, el Gólgota,

es el símbolo de nuestros pecados y nuestra culpa.

Jesús llevó nuestros pecados sobre sí mismo,

convirtiéndose la ofrenda para el perdón de los pecados.

El autor de la carta a los Hebreos nos dice que Jesús se hizo perfecto a partir de lo que sufrió.

Y se convirtió en la fuente de la salvación eterna para todos los que le obedecen.

El relato de la pasión esta noche concluyó

cuando Jesús fue enterrado en una tumba.

Y ahora esperamos en silencio anticipación de lo que sucederá después.

Recordemos y reflexionemos sobre lo que Dios le dijo a su pueblo, y a nosotros,  al comienzo de la lectura de Isaías esta noche:

“Mira, mi siervo prosperará, él será elevado y grandemente exaltado”.

 

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